Meteorología

Deporte.

Meteorología.

La RAE define meteorología como «Ciencia que trata de la atmósfera y de los meteoros».

Este fin de semana, específicamente el viernes, la meteorología ha patinado a base de bien. Porque quizá sea una de las ciencias menos fiables.

Ninguna previsión daba mal tiempo para el viernes. Ni las generalistas ni las específicas de montaña que preparan previsiones por sistemas montañosos.

Pero os puedo asegurar que en la parte alpujarreña de Sierra Nevada nevó y llovió de lo lindo. Tan de lo lindo que tuvimos que abortar nuestra travesía de tres días que incluía cuatro tresmiles (uno de ellos por una norte con trepadas y toda la pesca), más de 4000 metros de desnivel acumulado y más de 60 kilómetros con las mochilas cargados de agua, comida, ropa, tienda y saco de invierno (sobre 15 kg, de esas que a muchos les asustan).

De Trevélez a Siete Lagunas (9 km y 1.200 mts de desnivel) no hubo problemas, pero tras dejar las mochilas cubiertas por piedras en uno de los vivacs para evitar ser víctimas de los estragos de los zorros que pululan a sus anchas por la zona y así poder atacar la Alcazaba (3.371 mts) más ligeros, el tiempo empezó a complicarse. La temperatura empezó a bajar, el viento a subir y los primeros copos a aparecer. La alegría inicial dió paso a la preocupación al ver que nos estábamos metiendo en la primera invernal de la temporada sin habérnoslo propuesto. Tras hacer cima (5 km después y 700 mts más arriba), los cristales de hielo azotaban (literalmente) nuestras caras y nos dejaban una costra de hielo en la pechera de los GoreTex. El hielo dio paso a la lluvia. Y eso fueron 2 horas de lluvia. Tanta lluvia que aunque las chaquetas nos mantenían el tronco completamente seco (bendito dinero invertido en GoreTex), los pantalones iban tan mojados que el agua escurría al interior de las botas. Y frío. Mucho frío y viento.

Nuestra única esperanza era volver al vivac, quitarnos la ropa mojada y meternos en los sacos a pasar la noche como pudiésemos. Pero el vivac estaba mojado de cómo rolaba el viento y de la lluvia que había caído. Las tiriteras más intensas de nuestras vidas y las botas completamente llenas de agua (no mojadas, he dicho llenas de agua) nos hicieron plantearnos continuar con el plan de tres días. No se si me equivoqué. Creo que no. Planteé una «retirada suicida» bajando a Trevélez para buscar una ducha caliente, algo de cenar y una cama seca. Todo lo andado, ahora para abajo y la mitad del camino completamente a oscuras. La opción de hacer noche envueltos en los sacos, mojados y acurrucados porque o había sitio para tumbarse y además pendientes de los zorros para empezar el sábado otro duro día con las botas totalmente mojadas no sonaba demasiado prometedor para nuestros pies….

Para que os hagáis una idea, nos chupamos en un sólo día una salida de dos días con el peso adicional de una mochila pensada para tres días de travesía. 28 km, 1900 mts de desnivel y 8 horas y media de marcha efectiva.

Una reparadora ducha, un escueto plato de jamón y queso y unas cervezas nos ayudaron a caer como auténticos troncos a la cama.

¿Y el sábado? Un tiempo estupendo. Menos mal que pudimos reponernos con un buen plato alpujarreño como Dios manda en Lanjarón (por eso de quitarnos de encima las curvas de bajada).

Porque no todo iba a ser sufrir.

Pues eso, que siempre que vayáis al monte a partir de 2.000 metros llevéis al menos un corta-vientos, un polar y un pantalón largo. Que luego vienen los sustos.

 

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